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Callos y ojos de pescado

Fuente Televisa 2015-04-30

Es el cáncer que comienza en el cuello uterino, la parte inferior del útero (matriz) que desemboca

Con mucha frecuencia los pies de muchas personas están propensos a desarrollar los molestos callos y los dolorosos ojos de pescado, sobre todo en las mujeres que usan zapatos de tacón alto con puntas muy estrechas o en personas que utilizan zapatos que ejercen mucha presión sobre los dedos y la planta del pie.

 

Los callos son capas córneas que se forman en determinados puntos de la piel a causa de la llamada hiperqueratosis, que ocasiona que las capas de la piel superior se engrosen por una mayor presencia de queratina. Al perder humedad, las terminaciones nerviosas se atrofian y el tejido se vuelve más duro e insensible al dolor. Si se expone esta piel a una constante presión y a fuertes rozamientos se formará una superficie amarillenta que formará una callosidad.

 

Los callos varían en forma y tamaño. Por lo general son indoloros, pero en algunos casos se vuelven tan gruesos que la piel pierde flexibilidad y se quiebra causando malestar. Las personas con diabetes o circulación deficiente pueden contraer infecciones graves bajo los callos.

 

Un ojo de pescado, también conocido como heloma o tiloma, es una reexaltación de tejido muerto y firme, pequeño y redondo, que por lo general se forman en diversas partes huesudas de los dedos de los pies y que presentan un consistencia dura, los que nacen entre lo dedos son suaves.

 

La mayoría tienen tono amarillento, pero pueden enrojecer al irritarse o inflamarse. Contienen un núcleo duro y ceroso que se forma en la capa externa de la piel y que después penetra hasta el tejido y os nervios subyacentes, causando dolor sobre todo si se les presiona.

Las callosidades en la planta de los pies o en los talones son ocasionadas por el uso de zapatos que oprimen demasiado los pies. Las personas que caminan descalzas todo el tiempo y en todo tipo de terrenos, suelen desarrollar callosidades de hasta 1 cm. de grosor.

 

Ambos problemas son ocasionados por la fricción o presión sobre la piel, en general por usar zapatos o calcetines que no ajustan correctamente o por participar en actividades artísticas, laborales o deportivas que implican la frotación y presión constantes.

 

En algunos casos, los callos y ojos de pescado se desarrollan también por artritis o deformidades en la estructura de los huesos.

Los ojos de pescado y los callos se diagnostican fácilmente a simple vista y un paso importante para evitarlos y tratarlos es necesario identificar el tipo de calzado que se está utilizando.

En la mayoría de los casos, los callos y ojos de pescado no necesitan atención médica, a menos que sean muy molestos, recurrentes o que se infecten lo que requiere de un tratamiento con antibióticos.

 

En ocasiones es necesario que el médico corte el tejido grueso después de aplicar un anestésico local y solamente en casos en que el ojo de pescado esté muy profundo se requiere de retirarlo totalmente mediante una pequeña cirugía que se puede realizar en el consultorio médico.

 

Existen varios tratamientos locales para ablandar y desprender los callos fácilmente en casa, en forma de parches, cojines o líquidos que facilitan su extirpación, pero que deben ser utilizados con mucho cuidado para evitar lesiones en las áreas cercanas al callo.

 

Los ojos de pescado se pueden eliminar suavizándolos con agua tibia y sales de Epsom y aplicando una crema humectante. Posteriormente hay que cubrirlos con gasa húmeda y envolver el pie con un plástico durante unos minutos para que después se puedan frotar con piedra pómez. Cuando se desprendan hay que aplicar una pomada salicílica al 5 o 10% y cubrir la zona con una venda adhesiva.

 

Un peligro muy grande que hay que tomar en cuenta es si la persona padece diabetes o cualquier enfermedad que ocasiona circulación deficiente, los callos deben ser tratados de forma profesional y nunca se debe intentar la curación por la persona misma.

 

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