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Más carbohidrato bueno, menos carbohidrato malo

Por: Gabriela Lara Corsalini

Fuente: Redacción

Más carbohidrato bueno, menos carbohidrato malo

Foto: Thinkstock/GettyImages

¿Los carbohidratos son tan malos como nos cuentan o están exagerando un poco?

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Existe un mito, leyenda o creencia popular circulando desde hace años en el mundo entero y que ha ido pasando de generación en generación generando terror y llanto ante el antojo de una simple rebanada de pan. Así que aquí en comerico.com nos hemos dado a la tarea de investigar si los carbohidratos son realmente tan malos como nos cuentan o si todas esas historias se han ido exagerando con el paso de los años para terminar en las historias macabras que escuchamos hoy en día.

Lo primero que deben saber es que los carbohidratos están en todas partes. Sí, así como lo leen. En-todas-partes. Conocemos los básicos y clásicos de los que toda abuelita nos recomienda que nos alejemos como son el pan, el arroz y la pasta. Pero ¿a poco ustedes sabían que también las nueces y semillas, las frutas y verduras, la leche y productos lácteos, el jugo, los refrescos, los dulces y los postres tienen carbohidratos? A nosotros no nos da pena admitir que no, no sabíamos. Así que seguimos investigando, para ver qué más nos encontrábamos que no supiéramos de los carbohidratos.

Buenos vs. Malos

Pues resulta que los carbohidratos se dividen, como todo en esta vida, en dos tipos: los buenos y los malos. ¿Y qué tienen de buenos los buenos? preguntarán ustedes, tal como lo hicimos nosotros.

Se dice que los buenos, también conocidos por su nombre popular: los complejos, nos llenan de una buena cantidad de beneficios como que están llenos de fibra y nutrientres, además de que tienen un índice glicémico bajo, te ayudan a sentirte lleno sin recurrir a tantas calorías y, por si todo esto fuera poco, estimulan naturalmente el metabolismo. ¿Y por qué es bueno todo esto? preguntarán nuevamente ustedes (excelente pregunta, por cierto). Ya sabrán que la fibra ayuda a prevenir el estreñimiento, y otros transtornos del estómago; y los nutrientes pues hacen eso, nutrir. El índice glicémico es el que nos dice qué tan fácil le será a tu cuerpo digerir un carbohidrato, para el caso de los complejos, será más rápido y fácil. Un metabolismo estimulado es un metabolismo feliz, decía mi abuelita. Varios (muchos) años después entendí a qué se refería con eso: el metabolismo es el proceso que se encarga de tomar lo bueno de la comida y desechar lo malo, así que el hecho de que esté estimulado significa que el proceso es más eficiente.

A los malos se les conoce como los simples porque no tienen mucho chiste, pero sí muchas calorías. Sin embargo eso no es lo único que los hace malos para nosotros, sus verdaderos defectos son que no aportan mucha fibra y nutrientes, su índice glicémico es alto, tienen tan poco aporte nutritivo que producen lo que se conoce como calorías vacías, aquellas que solo se transforman en grasa porque no tienen nada que el metabolismo pueda rescatar. Puras fallas. Y por si no fuera suficiente, sus altos niveles de glucosa hacen que te sientas cansado todo el día. ¿No te dan ganas de echarte un sueñito después de comer? Pues no, no es la edad, como yo pensaba cuando era joven e ingenua, es la cantidad de carbohidratos simples que comemos lo que hace que no queramos hacer nada más que dormir.

¿Y cuál es cuál?

Puedes encontrar carbohidratos buenos en cereales con fibra, vegetales verdes, fruta fresca y cereales integrales, como arroz y pan.

Los malos están en todas partes. Bueno, no en todas, pero en las que conocemos como carbohidratos, como son los dulces y postres, cereales con azúcar, refrescos y bebidas azucaradas y harinas refinadas como el pan y el arroz blanco.

¿Y ahora qué hago?

Te recomendamos cambiar algunos carbohidratos malos por carbohidratos buenos. La próxima vez que vayas al super escoge pan integral en lugar de pan blanco, toma agua en lugar de refresco, come una fruta de postre y olvídate de los pastelitos llenos de azúcar. Puedes encontrar excelentes recetas sanas aquí.

Recuerda que comer sano no es una cuestión de peso, sino una cuestión de salud.

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