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Tipos de familia: ¿existen familias correctas o incorrectas?

Por: Psicoanalista Lourdes Sanz Moguel.

Fuente: Cortesía

Tipos de familia: ¿existen familias correctas o incorrectas?

Foto: Thinkstock/GettyImages

¿La institución familiar está en crisis? Se habla de familias funcionales, disfuncionales, autoritarias, con recursos económicos, sin ellos, pero ¿cuál es realmente la función parental? ¿Qué dice el psicoanálisis al respecto?

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Numerosos estudios en diversas disciplinas que hablan sobre los tipos de familia con base en sus miembros. Otras establecen criterios para definir si la familia "funciona" o "no funciona" con base a lo que estas mismas disciplinas establecen como conveniente.

La sociedad actual tiende a excusar muchas acciones argumentando que se proviene de una  "familia disfuncional" o bien que la familia no tuvo recursos suficientes para brindar educación a  la persona cuando fue niño. También se explica cómo alguien no fue lo suficientemente querido o,  por el contrario, se volvió "inútil" porque le consintieron en demasía.

Hoy en día las figuras autoritarias repugnan a la sociedad y por tanto cualquiera que tenga visos de  autoritarismo se repele. Se apuesta por espacios de diálogo, reconocimiento y negociación.

Esta lucha, se ha extendido al ámbito de la familia, confundiendo el rol de los padres con una forma  de autoritarismo de los dictadores. La función de los padres, y su autoridad, pareciera visualizarse como producto de un cargo político, como un espacio de poder.

En diversos ámbitos se habla de la "crisis" que sufre la institución familiar, no sólo como efecto de estos cambios sino quizá incluso como causa de los mismos.

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¿Qué podemos decir desde el psicoanálisis al respecto?

La función parental no es una función de gobierno, sino la de dar contención de los hijos. Los hijos, cuando son menores y están al cuidado de los padres, no cuentan ni con las capacidades  físicas, ni psíquicas, ni con los conocimientos necesarios para valerse por sí mismos y tomar decisiones con respecto a sí mismos.

La autoridad de los padres se fundamente precisamente en su obligación de velar por ellos. Pongamos un ejemplo, digamos que un chico se siente atraído por el fuego de la estufa y pretende tocar la hornilla ardiendo, ¿cuál sería la reacción de la madre o el padre que sería más adecuada para el hijo? ¿permitirle tocar la hornilla para experimentar y aprender por sí mismo? ¿sugerirle no tocar la hornilla? ¿ofrecerle un premio a cambio de no tocarla? ¿darle un discurso científico para ilustrarlo sobre la transmisión del calor y el daño que puede hacerse?

La respuesta correcta  sería: ¡asegurarse de que el chico no se queme la mano! sea ordenándole que se aleje, impedirle el acceso a la hornilla o inclusive retirándolo físicamente del lugar. La acción requerida en nuestro ejemplo nos ayuda a comprender que los padres tienen la  encomienda de fijar límites de seguridad a sus hijos.

El objetivo de la fijación de estos límites es  que el hijo pueda acceder a un sano desarrollo sin tener que experimentar por sí mismo, una y  otra vez, qué puede y que no puede hacer. En este sentido es necesario enfatizar que los límites  no son a capricho del padre o madre, sino fundamentados en su madurez como adultos.

¿En qué consiste la función de contención de los padres?

La función de contención de los padres es, fundamentalmente, la de limitar. Entre los límites que establecen los padres, o los cuidadores del niño, deben incluirse límites en todos los órdenes. Por ejemplo, en el ámbito de la salud, es importante establecer horarios para comer y vigilar el correcto balance de los nutrientes. Así, aunque el pequeño desee comer dulces todo el día, será importante cuidar que coma los alimentos con los nutrientes necesarios como verduras, lácteos, carne, frutas, dejando claramente establecida una limitación en cuanto al dulce, después de comer lo demás y sólo en una pequeña cantidad.

En el ámbito psíquico, es importante que los padres ayuden a sus hijos a identificar sus  sentimientos, y a moldear los modos de expresión de sus emociones e impulsos. Por ejemplo, un chico puede enojarse con uno de sus padres por no permitirle jugar a altas horas de la noche, y comienza a gritar, llorar y patalear. Será importante escucharle, hacerle saber que sabemos que está enojado y frustrado, que ese sentimiento no es agradable, pero que pasará, que debe controlarse y no gritar ni patalear. De esta manera se estará limitando y moldeando la forma de expresión, sin negarla o restarle importancia.

Es importante enfatizar que el otro padre o quienes ejercen funciones parentales, deben secundar  la decisión del padre que impone el límite, pues de otro modo sólo se confunde al chico. En el ámbito de la relación con los demás, de la convivencia tanto familiar como social, los padres  habrán de conducir a sus hijos en las normas de urbanidad, usos y costumbres que permiten una  sana convivencia. El saludo, los buenos modales, la cortesía, el respeto a las normas de tránsito, la higiene, el cuidado de los espacios que se comparten, etc. todo ello requiere de control de los  propios impulsos y desarrollo de la capacidad de esperar a las situaciones, personas y lugares  adecuados para expresar lo propio.

Finalmente, los padres juegan un rol fundamental en la construcción de la identidad, ayudan a  descubrir los límites entre el yo y el otro, las diferencias y las semejanzas. Igualmente a tolerar y  respetar a los demás, sea que tengan o no similitudes con lo propio.

Desde una perspectiva psicoanalítica, la familia ofrece al individuo un espacio de formación de su  subjetividad, sin embargo, cada sujeto es responsable de sí mismo, situación que muchas veces no resulta cómodo aceptar.

Efectivamente, existe en la psique de cada persona una serie de elementos inconscientes que  actúan sobre nuestros sentimientos y perspectivas, sin embargo es preciso enfatizar que a pesar  de esta influencia desde lo inconsciente, cada persona tiene la posibilidad de elegir, y con ello el  derecho a disfrutar las satisfacciones de su acción, a lamentar o sufrir consecuencias negativas,  pero sobre todo es responsable de sí, de sus decisiones, de sus sentimientos, de sus acciones y de sus omisiones.

Sobre la autora de este artículo:

Lourdes Sanz Moguel es Psicoanalista y psicoterapeuta. Máster en Psicoanálisis en la Universidad de León, Barcelona, España. Tiene Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica en la Universidad Intercontinental. Es Catedrática de posgrado en el Instituto Superior de Neurociencias, Psicoanálisis y Salud Mental. Catedrática a nivel licenciatura en la UIA y UIC. actualmente da Prácticas en hospitales psiquiátricos, tiene cerca de 9 años en consultorio privado atendiendo adolescentes y adultos: Mail: lourdessanz@psicoanalisis-mexico.com

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